lunes, 12 de agosto de 2013



¿Has robado alguna vez un beso?... ¿Has engañado a la luna mordiendo la esencia del deseo?... ¿Has mirado alguna vez a los ojos sin poder mantener la mirada porque palpitaba el corazón?... ¿Te ha bombeado alguna vez el corazón a mil por horas pensando en esa persona de tus deseos?... ¿Has sentido la electricidad de ese cuerpo que te roza en la madrugada?... ¿Te han herido de guerra de amor?...



Ama, ama todos los días de tu vida, ama hasta que el corazón te duela, ama hasta que la piel se te hidrate con las lágrimas del desapego....
Ámate a ti mism@ para poder amar a l@s demás....Y luego, mantén el corazón abierto y los ojos alertas para recibir las señales mágica.







 El amor es el gran milagro que nos sustenta....

miércoles, 7 de agosto de 2013





Yo también sucumbo y, a veces, creo que necesito ponerle a mi vida un filtro de Instagram, ese que intensifica los colores y hace que los rojos sean muy rojos y casi puedas oler los verdes más desgarradores. Y un fondo que se difumine y desenfoque y pueda prestar atención a las caras, a las risas… Llegar a sentir carcajadas… Saborear el instante en que el cielo eterniza su azul alterado e imposible y la profundidad de unos ojos que brillan saturados del amarillo más dorado y perfecto que haya visto jamás. Hasta que me duelan las pupilas de tanto derroche de color…

Levantarme por la mañana y que el zumo de naranja me estalle en la vista. Que mi piel sea satén y todas mis frases sean ingeniosas como en un perfil de Twitter. Y salir al mundo y que las calles sean en blanco y negro y lo único que tenga color sea el rojo de mis labios y mis zapatos de tacón.

Y tomar un café en un bar, donde el camarero me Tuitee con cariño, me pregunte mirándome a los ojos y me pida por favor. Y que yo le de las gracias con un emoticono en la boca, mientras muestro al mundo con una foto la espuma deliciosa de mi café y alguien me diga que me adora por WhatsApp y que hace diez minutos que me espera y no puede vivir sin mí. Sin ataduras, sin riesgos, sin dolor, con una emoción inmensa, pero contenida en una pantalla.

Que al mirar alrededor, las caras que me rodean tengan sus fantasías colgadas en el muro de la vida, como en facebook, y sus locuras de fin de semana me hagan reír.

En el mundo real lo intenso es más difícil de encontrar. Las personas hablan sin escoger las palabras y dan vueltas a las ideas en más de 140 caracteres, se esconden sin buscar un perfil y sus miradas no buscan la cámara. Hace frío y hace viento. Se te entumecen los tobillos y el calor sofocante te hace sudar. Las lágrimas no brillan en el mundo real.

 Los momentos vuelan, nunca se inmortalizan ni son eternos. Los trenes pasan y si no te subes a ellos, te queda una oportunidad o no, para continuar lamentándote en el andén o echar a correr tras él… O tal vez esperar a la próxima vez, abrir más los ojos y cerrarle la puerta a las dudas absurdas. Tragarse los #NoPuedos y tatuarse en el pecho los #AhíVoy.

En ese mundo donde a menudo el cielo tiene color de sardina y las caras a veces pasan por los distintos tonos de gris, es mejor no seguir incondicionalmente a nadie porque sí. Mejor hacerse preguntas, muchas preguntas… Cerrar los ojos e intentar recordar, quién eres, dónde estás y qué te mueve. No bajar la guardia, ni esperar demasiado de lo que hay a la vuelta de la esquina. Amar sin esperar más recompensa que el puro vicio de ese sentimiento que todo lo inunda. Gastarse los labios besando y dejarse la suelas persiguiendo alegrías. No cultivar ansiedades por no ser el primero, pero tampoco apelmazarse y quedarse paralizado si fueras el último. Y si al final eres lo eres, pensar que es la mejor forma de saber donde están los baches en el camino, cuando veas tropezar a los que te preceden. En el mundo tangible a veces lo que parece malo es bueno y lo bueno, en ocasiones, en realidad es de plástico, pero no puedes saberlo antes de hincarle el diente. Y entonces, tal vez es demasiado tarde…

En el mundo no virtual hay que patearse las calles una a una sin descanso, no perder las ganas, encadenar sonrisas cuando el sueño te vence y nunca dejar de buscar. No sucumbir a favoritos fáciles ni ReTweets sin alma, no dejarse engatusar por menciones sin sentido y levantarse cada día con el Linkedin puesto por si se reparte fortuna y te toca un poco de magia.

En ese mundo también hay magia. No brilla, no se anuncia, no llega con un eslogan ni con una música pegadiza. Se tiene que cazar al vuelo, dura pocos segundos, no avisa, no tiene un “loop” y rara vez se puede compartir con el mundo. No es tan intensa como un whatsApp en el que alguien, con quien apenas hablas o cruzas una mirada, te abre su alma en canal una noche y te cuenta sus sueños… Pero es la vida real, la auténtica. La que duele y salpica. Tan simple y complicada a la vez, tan insulsa y aterradora, alucinante y corta… Cómica, trágica, aburrida y agobiante, apasionante y monótona… Sin filtros, a palo seco. Vida…





¿Quién sabe si me araña más el alma desearte o cerrar los ojos esperando a que te desvanezcas, para redimir esta desazón inmensa de buscarte en las esquinas?
Esta angustia gigante de verte entre las páginas de los libros, en los quicios de la puertas, las caprichosas figuras de los manteles y los garabatos de las nubes. Tu omnipresencia perturba mis constantes vitales. Acelera mis ritmos. Me pisa los sueños pero aviva mis neuronas. Me mantiene viva, atrozmente viva y despierta, de noche, devorando oscuridad y quemando oxígeno.
Me da la vuelta y me agita, hasta que me borra las facciones y cambia mi cara. No soy yo, si no te busco y cuando te busco, mi yo es demasiado esclavo. ¿Quién sabe si tanta euforia contenida me cabe en las entrañas? ¿Si podría consumirme yo entera como si fuera una llama?
Mis deseos voraces de tenerte y escucharte aumentan. Busco meterme en uno de tus huecos y esperar a incorporarme a tu risa, a tu deseo, a tu respiración. Mostrarte mis temores más oscuros, mis lágrimas más antiguas, mis cicatrices más profundas.
Besar tu rincón más dolido, encontrar tu botón de la risa… Conocer tu máscara más absurda, digerir tus tragos más amargos. Agudizar tus sentidos con caricias. Decirte sí, mil veces y continuar diciendo sí, hasta quedar dormida.
Buscar tu olor entre las masas, encontrarlo en una esquina y alzar la vista para perderla, sin saber si el cráneo me ha jugado una mala pasada.
¿Quién sabe si me revuelve más las vísceras arrancarte de ellas y perder así el placer turbio que me supone desearte sin tregua o si es mejor para mi corazón borracho de tus palabras catapultarme hacia este amor demente, sin pensar?
Y desear por desear, sin destinarme a ti, sin esperar nada más que seguir esperando, sin saber si habrá roces y miradas… Sin sentirme idiota practicando este ejercicio inútil y estupefaciente que es ansiarte y quererte.
Desgajarme cada día buscando señales en tus pasos, esbozando sonrisas falsas para soportar las muecas tristes. Andar acumulando susurros y palabras, recordando miradas… Pensando si mejor callar o mejor hablar, si buscar entre la arena o esperar a que llegue una ola enorme y se lleve las ganas.
Romperme al poner a raya mi imaginación. Silenciar mi mente para que no te sueñe y hacer que mis ojos no te ladren el desespero que crea tu vacío. La punzada intensa de tu lengua que lacera mi pecho cuando espero una palabra, que nunca llega.
Ansiar por ansiar, prefiero perder las pupilas buscándote la sombra en las esquinas que perder las ganas y la sensación que me produce en las venas la droga que supone amarte.

martes, 6 de agosto de 2013






                                                           

Sé la sal y la carcajada. Que se note que estás, que si no llegas, te busquen. Que si no te ven, te sueñen y necesiten. Desdibuja tus fronteras. Expande tus ojos hasta donde abarca tu vista. Que no te quede nada por ver y desear.

Sé la risa tonta y el momento que precede al sueño, cuando tu cuerpo cede y todo lo que no es básico ya carece de importancia. Que sepan que te sueltas y te dejas llevar, que te meces en la vida… Que bailas y acompasas tus movimientos al vaivén de tus alegrías. Que dictas tú cada gesto, que te llevan tus ganas… Que obedeces a tus ritmos…

Sé viento y diente de león que se expande y surca el aire y acaba lejos, sin pensar, sin sufrir… Sin casi saber que le espera al otro lado del éter. Confía en lo que ven las esquinas de tus ojos y lo que pueden llegar a abarcar tus manos.

Sé el camino y marca el paso. Sé la lluvia. Crece hasta salir de la casilla que te ha asignado, que no te digan que encojas, ni te recorten las ansias. Colma el vaso, rebosa y pasa los límites que creías tener. No finjas credos, no hagas falsas reverencias, no simules tus afectos. Haz más preguntas, hasta rozar la impertinencia… Hasta romper el esquema y salir del marco. 

Sé el zumbido que saca de quicio. Sé la excepción si es necesario, pero nunca para confirmar un regla sino porque crees que vale la pena desobedecerla. Dí que no y que sí y aprende a distinguir cuando callar y cuando no parar de contar historias. Protagonízalas todas, no por figurar o por ser el centro del mundo, si no por apurar la vida.

Sé la llama. Que el vello de tu cuerpo se erice a cada momento y tu piel note el escalofrío de lo desconocido.

Cambia el camino, muda el vestido.

Salta. Devora. Acaricia. Si te cansas, sigue insistiendo. Si te aburres, para y da la vuelta. No malgastes un minuto con amores que te quedan cortos ni beses sin alma. No pases de largo de nadie, aunque parezca pequeño, no te dejes engañar por la medidas… El tamaño de tus pensamientos puede ser enorme.

Sé grande, gigante. Adquiere la dimensión de lo que sueñas. Sé lo que buscas y busca lo que eres. Sé el equilibrio y aprende a perderlo.

Actúa mientras rezas, si rezas. Busca tus dioses y borra tus demonios. Duda, pero agita tus ideas. Vacila, pero toma las riendas.

Busca y si lo encuentras, agárralo fuerte. 

Sé libre. Y recuerda que ser libre es a veces incluso escoger ser esclavo… Pero decide tú.

Vuela.